martes, 26 de agosto de 2008

La Laguna del Tesoro, súper excursión.

Les dejamos unas fotos de la excursión realizada del 15 al 18 de Agosto a la Laguna del Tesoro, a cargo de la Secretaria de Excursionismo del CCG con la colaboracion del Profesor Raúl Gonzalez (Pichón). Tuvo mucha concurrencia debido a que no se organizaba desde hace ya cuatro años, asistieron alrededor de cincuenta personas entre alumnos y egresados. Partimos el viernes 15 de agosto a las 15hs. de la Plaza Urquiza, nos trasladamos en colectivo de allí hasta la localidad de Alpachiri (en el Depto. Chicligasta). Posteriormente cargamos los bolsos y emprendimos un viaje en un tractor con dos remolques hasta un lugar denominado "Los Pinos" (a 9km de Alpachiri). Establecimos allí el campamento para pasar la primera noche. Al día siguiente nos despertamos a las 7, desarmamos el campamento y cargamos las mulas con las carpas y los bolsos con comida para luego partir hacia la ansiada Laguna del Tesoro. Después de una ardua caminata de 15 km que duró entre 6 y 7 horas, en la que pudimos apreciar el hermosos paisaje de la zona, arrivamos a la Laguna, donde acampamos las dos noches siguientes. El lunes 18 emprendimos el regreso a casa, realizamos la misma caminata pero en bajada, tardando la mitad del tiempo. Al llegar a "Los pinos" estuvimos esperando alrededor de 4 horas la llegada de las mulas, quienes aparecieron a las 8 de la noche. Tomamos el tractor y luego el colectivo para arrivar a la Plaza Urquiza a las 10 de la noche aproximadamente. La verdad una muy linda e inolvidable experiencia...

sábado, 23 de agosto de 2008

Salida a San Javier (02/07/2007)

Realizada el 2 de Junio del 2007, por los secretarios de excursionismo de ese año: Franco Orellana y Lucas Gobatto. Un video compilación de fotos y videos de la salida. Muy Bueno.

jueves, 21 de agosto de 2008

DON DAERT


¡¡Quien diría que algunas veces el recuerdo menos esperado está a la vuelta de casa!! Así me sucedió en la tarea de recopilar aquellos hermosos momentos de mi paso por nuestro querido Gymnasium. Solo caminé unas pocas cuadras, serían tres o cuatro. Y allí lo encontré, en una apacible tarde de invierno, sentado en una silla a la vera de su casa, a Don Daert. ¿Pero quién era este personaje? Nada menos que el chofer del ómnibus de la Universidad, que nos condujo en nuestra gira de egresados. Ya anciano, le costó mucho recordarme, pero su estirpe criolla, de hombre callado y concentrado, parecía mantenerse intacta. Estas cualidades, junto a la actitud picaresca y extravertida del Maesse Bru, hacían de ellos la pareja imbatible que nos esforzábamos en ganar en memorables partidos de truco, en los altos de nuestro viaje.
Año: 1962. Nuestra meta: La Quiaca. Elegimos una ruta inusual y difícil para esa época, sobre todo por el mal estado de los caminos. Ir por Tafí del Valle, Animaná, Cachi, bajar al Valle de Lerma por la Cuesta del Obispo para llegar a Salta, no era lo más apropiado. Recuerdo que para llegar a Cachi, tuvimos que sortear algunos arroyuelos que cortaban el camino y Don Daert, diligentemente, nos indicaba como rellenar la huella con piedras y lajas, para que pudiera cruzar el ómnibus. Llegar a Cachi nos causaba inquietud y curiosidad; era el lugar remoto de inspiración del “Tío” Santos Legname para concebir sus mejores cuadros. Muchos veranos estuvo como huésped, tal vez inspirado por el follaje verde, de un verde que lo apasionaba, de los saúcos del lugar y la majestuosidad de las montañas.
Pero el recuerdo más fuerte que nos dejó Don Daert, fue sin dudas al regreso, una vez cumplida nuestra meta de alcanzar La Quiaca. Llegamos al complejo Altos Hornos Zapla, en Palpalá, primer centro siderúrgico del país, para pasar nuestros últimos días de gira. Apenas transcurrido uno o dos días, recibimos la triste noticia del fallecimiento de la mamá de Emilio Forté. Presuroso, y acompañado por Eduardo Fajre, emprendió un rápido retorno. El grupo quedó consternado y decidimos suspender el resto de la gira. Comenzamos casi de inmediato el retorno para acompañar a Emilio en ese difícil trance. El ómnibus enfiló normalmente por una larga recta con una fuerte pendiente entre laderas. Con la serenidad que lo caracterizaba, Don Daert, de forma enérgica y sorpresiva, nos ordenó que pasáramos al lado izquierdo del ómnibus. Es que se había quedado sin frenos y solo atinaba a detenerlo de la mejor manera. Su precaución de dejar vacíos los asientos del lado derecho le daba la posibilidad de poder frenar el ómnibus apelando al choque lateral contra la ladera del cerro, sin que nadie saliera herido.
Hoy a la distancia, podemos expresar que debido a esa imagen de seguridad paternal que nos infundía Don Daert, nunca entramos en pánico a pesar del enorme ruido y la inminencia del cruce perpendicular con la ruta principal. Bajamos casi sin palabras, asustados, pero el temple de nuestro amigo inmediatamente lo puso en papel de mecánico. Revisó los frenos y aplicó una solución casi mágica: selló con una pinza la tubería dañada, y agregamos alcohol en reemplazo del líquido de frenos perdido. Así pudimos llegar a un taller para solucionar definitivamente el problema. Arribamos a Tucumán al anochecer, y pudimos cumplir con nuestro deseo de estar junto a Emilio.
Ninguno de nosotros volvió a saber nunca más de él. Por ello creo hacer justicia al recordarlo de la mejor manera. Apelando a nuestra imaginación y sueños, a Don Daert lo recuerdo hoy como aquellos héroes de historietas, con la diferencia que esto ocurrió en la vida real.

Chino Buiatti