jueves, 21 de agosto de 2008

DON DAERT


¡¡Quien diría que algunas veces el recuerdo menos esperado está a la vuelta de casa!! Así me sucedió en la tarea de recopilar aquellos hermosos momentos de mi paso por nuestro querido Gymnasium. Solo caminé unas pocas cuadras, serían tres o cuatro. Y allí lo encontré, en una apacible tarde de invierno, sentado en una silla a la vera de su casa, a Don Daert. ¿Pero quién era este personaje? Nada menos que el chofer del ómnibus de la Universidad, que nos condujo en nuestra gira de egresados. Ya anciano, le costó mucho recordarme, pero su estirpe criolla, de hombre callado y concentrado, parecía mantenerse intacta. Estas cualidades, junto a la actitud picaresca y extravertida del Maesse Bru, hacían de ellos la pareja imbatible que nos esforzábamos en ganar en memorables partidos de truco, en los altos de nuestro viaje.
Año: 1962. Nuestra meta: La Quiaca. Elegimos una ruta inusual y difícil para esa época, sobre todo por el mal estado de los caminos. Ir por Tafí del Valle, Animaná, Cachi, bajar al Valle de Lerma por la Cuesta del Obispo para llegar a Salta, no era lo más apropiado. Recuerdo que para llegar a Cachi, tuvimos que sortear algunos arroyuelos que cortaban el camino y Don Daert, diligentemente, nos indicaba como rellenar la huella con piedras y lajas, para que pudiera cruzar el ómnibus. Llegar a Cachi nos causaba inquietud y curiosidad; era el lugar remoto de inspiración del “Tío” Santos Legname para concebir sus mejores cuadros. Muchos veranos estuvo como huésped, tal vez inspirado por el follaje verde, de un verde que lo apasionaba, de los saúcos del lugar y la majestuosidad de las montañas.
Pero el recuerdo más fuerte que nos dejó Don Daert, fue sin dudas al regreso, una vez cumplida nuestra meta de alcanzar La Quiaca. Llegamos al complejo Altos Hornos Zapla, en Palpalá, primer centro siderúrgico del país, para pasar nuestros últimos días de gira. Apenas transcurrido uno o dos días, recibimos la triste noticia del fallecimiento de la mamá de Emilio Forté. Presuroso, y acompañado por Eduardo Fajre, emprendió un rápido retorno. El grupo quedó consternado y decidimos suspender el resto de la gira. Comenzamos casi de inmediato el retorno para acompañar a Emilio en ese difícil trance. El ómnibus enfiló normalmente por una larga recta con una fuerte pendiente entre laderas. Con la serenidad que lo caracterizaba, Don Daert, de forma enérgica y sorpresiva, nos ordenó que pasáramos al lado izquierdo del ómnibus. Es que se había quedado sin frenos y solo atinaba a detenerlo de la mejor manera. Su precaución de dejar vacíos los asientos del lado derecho le daba la posibilidad de poder frenar el ómnibus apelando al choque lateral contra la ladera del cerro, sin que nadie saliera herido.
Hoy a la distancia, podemos expresar que debido a esa imagen de seguridad paternal que nos infundía Don Daert, nunca entramos en pánico a pesar del enorme ruido y la inminencia del cruce perpendicular con la ruta principal. Bajamos casi sin palabras, asustados, pero el temple de nuestro amigo inmediatamente lo puso en papel de mecánico. Revisó los frenos y aplicó una solución casi mágica: selló con una pinza la tubería dañada, y agregamos alcohol en reemplazo del líquido de frenos perdido. Así pudimos llegar a un taller para solucionar definitivamente el problema. Arribamos a Tucumán al anochecer, y pudimos cumplir con nuestro deseo de estar junto a Emilio.
Ninguno de nosotros volvió a saber nunca más de él. Por ello creo hacer justicia al recordarlo de la mejor manera. Apelando a nuestra imaginación y sueños, a Don Daert lo recuerdo hoy como aquellos héroes de historietas, con la diferencia que esto ocurrió en la vida real.

Chino Buiatti

5 Comentarios :

Amigymnas dijo...

Ta' bueno. Q no hay nadie + que conosca profesores viejos? Hablen ahora o callen para siemprre.

alfredo. promocion 2001 dijo...

me encanto la anecdota...

seba dijo...

era el año 1968, uno un chiquilin, saliamos de excursion, un aomnibus mercedes benz 1130, super en esa epoca, menos q cualquiera de los urbanos de hoy...
me gustaba ver el camino, siempre me gustó y me gusta...me acercaba a don daert para ver por el vidrio de adelante, me dice venite a mi lado y me enseñó el camino, cuando habia una curva, cuando se iba a ver una loma, una casa.
mas q un chofer, no se

Oscar dijo...

Amigo Buiatti, es un placer entrar a este sitio y ver que tantos recuerdos se me agolpan al trote en mi entrecana cabeza. Te comento que a fines del 2008, en nuestra reunión de fin de año, invitamos al Carlos Danert, de quien leí tu nota a nuestra reunión. Lamentablemente ya no recuerda casi nada de nada. Pero, lo pasó bomba y con más de un lagrimón cuando pasamos un video de nuestra historia y paraecía en él, el ómnibus del Cole. Luego lo llevamos a su casa y nunca más. Fue, es y será un personaje digno de escribir por algún otro personaje del colegio. Te mando un fuerte abrazo y trataré de recordar (tarea no simple) las reuniones los días viernes a las 10,30 en el Empuje.
Un abrazo
Oso Merlini (chico)-Promo-73

Joaquín dijo...

Año 1970, en enero. Gira de egresados en Brasil en el viejo bondi (entonces nuevo) Merceditas 1112 con don Carlos Danert al volante. Ingresamos por una importante "rodovía" de Rio de Janeiro y nos para un policía de tránsito: en duro carioca nos bardea y le dá toda clase de indicaciones a "Donda" (como le decíamos con afecto a don Danert) para que saque el colectivo de la rodovia y tome por otro camino. El agente hablaba rápido y sin parar y movía los brazos y las manos con guantes blancos como aspas. "Donda" a todo lo que indicaba le decía "Sí señor", "Sí, si", "Ah, bueno, muy bien" y asentía con la cabeza...El tipo se vá y el Mono Ardiles que estaba atento a todo lo que pasaba le pregunta "Ché Danert! Y qué te ha dicho el policía?" Y "Donda" le contesta con su habitual tonada catamarqueña: "Si no le´hei entééndio naada!!" :D

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