miércoles, 21 de mayo de 2008

RAÚL DORRONZORO

Decía Tomás Eloy Martinez en un artículo sobre sus inicios en el Diario La Gaceta, allí por 1951: “Compartía mi celda de monje con algunas de las inteligencias más luminosas del Tucumán de aquellos tiempos: Celma Agüero, Raúl Dorronzoro, María Elena Vela. Mientras esperábamos las hojas húmedas y crudas que nos llegaban del taller, hablábamos de nuestras últimas lecturas: Kafka, Proust, James Joyce, Alfred Jarry.”

Profesor de Historia del Arte en la Facultad de Filosofía y Letras, completaba horas de cátedra en nuestro querido Colegio “el Gymnasium”.
Llegar a 5º año era el momento más esperado por todos, para tenerlo de profesor.
Si bien su materia (Historia del Arte) era extra-áulica, llenaba los contenidos de nuestra formación de bachilleres humanísticos de amplia cultura universalista.

Sus clases amenas, se agigantaban con su figura de hombre pequeño, de muy buen vestir, adelantado para esa época.
De irresistible carácter, las reuniones en su casa marcaban la tradición de privilegio para los alumnos de 5º y 6º año.

Cuando llovía, no era fácil llegar al asado en lo de Dorronzoro. No era facil recorrer los 200 metros que distaba su casa de la Avda. Mate de Luna, por la calle Coronel Zelaya, desconocida, barrosa y oscura, en aquellos tiempos.

Su casa fue proyectada como traje a medida para este genio y figura: consistía en un cuadrado, de unos 12 metros de lado, que encerraba un único espacio, sin divisiones. En el centro, un pequeño “núcleo”, contenía el baño. En una cara del mismo, se anticipaba una breve y compacta cocina, como la que hoy denominamos “kitchenette”. En otra cara, un acogedor hogar a leña, nos recordaba que en Tucumán, a veces tambien hace frío. Cuadros en las paredes, casi todos originales, daban testimonio de un intenso vínculo con artistas e intelectuales locales.

Caminando alrededor del “núcleo”, iban apareciendo y desapareciendo los distintos sectores de la casa y los numerosos objetos de arte que atraían nuestra atención.

Igual que alrededor de una sequoia gigante, la innecesaria privacidad solo se producía cuando el núcleo central bloqueaba la visual. Pero el sonido, la luz y los olores se encargaban de debilitar la ilusión.
En una esquina estaba su “dormitorio”, solo diferenciado por la presencia de la cama y por unas cortinas enrollables de paja. Amplios ventanales daban luminosidad y sensación de libertad, y marcaban el modo de vivir, casi extravagante, que caracterizaba a Raúl. Y allí nos quedábamos, asado por medio, compartiendo horas ilustres hasta la madrugada.

El último encuentro que recuerdo fue en marzo de 1962, no en su casa sino en la de “Manzanita” Rodríguez. Esa noche se jugaba la final del Campeonato Argentino de Básquetbol en Posadas. Mi origen santiagueño hizo que estuviera pendiente de la radio y fue en un memorable partido, en el que Santiago se consagró campeón en una final infartante ante Córdoba.
Raúl llegó y se puso cómodo, exhibiendo unos clásicos shorts. Premonitoriamente dijo: “querría abrir mis ojos tan solo 5 segundos para ver a todos los cínicos acompañando mi funeral”. Poco tiempo después sus ojos achinados se cerraban para siempre: fallecía en un absurdo accidente de tránsito.
Hoy perdura en nuestra memoria y lo recordamos merecidamente. Él lo sabe.

raimundo buiatti
Promoción 1962

2 Comentarios :

jc.ceballos dijo...

Chino, andás hecho un farol de mi mundo de recuerdos. También guardo esas imágenes de Dorronzoro, de las veladas en su casa, de su sonrisa irónica en el rostro de ojos achinados, de los itinerários apasionantes por el mundo del arte.
De la mitad del rostro con una venda, en el cajón, no quiero acordarme. Fue demasiado absurdo.

raul carlos dijo...

casilda,19 de abril de 2009.
Estaba buscando origenes de mi apellido. Me llamo Raúl Carlos Dorronzoro y sin quererlo apareció ésta página.Tan sentido comentario acerca de mí tio me han emocionado.Gracias!
Raul C. Dorronzoro
mail: rauldorronzoro@hotmail.com

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